De una grotesca dulzura

La obra de Irene Mala se caracteriza por acercar los sentimientos más profundos del ser humano a través de su particular mirada: unas veces popular, otras aparentemente inofensiva. En su pintura encontramos un desarrollo temático que nos habla de soledad, de la adversidad que nos rodea y nos nutre, y de la inconsistencia de nuestras emociones. Frente a estos temas, expresión de la fragilidad y extravagancia humanas, Mala responde con una forma detallista, expresada por una armonía de colores lustrosos. Su pintura remite a la tradición de la ilustración con una mirada donde manifiesta la fijación por lo grotesco y ridículo del ser humano, y a la que da forma con una técnica donde emergen el afecto y la empatía. En este sentido, en la poética pictórica de Irene Mala se produce un choque entre los temas desarrollados y la técnica pictórica.

Del lado del contenido, en sus obras la artista hurga en entrañas emocionales, arrojándose a pasiones personales, la incomodidad con el mundo y la inconformidad con lo que se espera de cada uno. Del lado de la forma, su técnica es aguda, buscando la armonía en formas gráciles por las que es capaz de comunicar de manera universal esas grietas y amarguras. Del choque emerge la ternura como motor y resultado de su obra: cada pintura se manifiesta como un extraño divertimento o un exótico despropósito, mostrando esa capacidad de transmitir lo grotesco humano a partir de esa ternura técnica.

Daniel López García

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